24 de julio de 2018

Oración de la mañana del dia Miercoles

Amado Dios, hoy me presento ante Ti, no para pedirte algo, sino para agradecer que eres un Dios bueno y bondadoso. Me regalas la vida, me das talentos y virtudes y día tras día llenas mi vida de hermosas bendiciones.



Gracias por mis seres queridos, por mis amigos, mis vecinos y mis compañeros de trabajo, gracias Dios por todas las cosas maravillosas que llegan a mi vida, gracias a Ti porque Tú todo lo puedes y me has dado todo lo que he necesitado, gracias por despojar de mi vida la desesperanza y las tristezas, sanandome desde lo más profundo de mi alma.

Amado Dios, te doy las gracias por este día y te agradezco a cada instante porque eres un Dios lleno de amor, gracia, e infinita bondad. Por favor mantenme siempre seguro, aléjame de todo peligro, líbrame de todo mal, protégeme de los enemigos y de las tentaciones, pues yo estoy dispuesto a dar todo de mí para poder ser útil para Ti y a tu obra. Te agradezco por haberme salvado y ahora vivas en mi corazón.

Mi vida es para honrarte a Ti Señor. Dame la dicha de servirte y permíteme seguir dando testimonio de tu bondad al mundo. Esta es mi oración de agradecimiento, y aunque nace desde lo mas profundo de mi corazón, las palabras no bastan para demostrarte mi amor y mi fidelidad, quiero vivir tu Palabra, ayúdame hacer tu voluntad, Amén.




Lectura Bíblica de hoy en: Eclesiastés 9:1-18

1 Ciertamente he dado mi corazón a todas estas cosas, para declarar todo esto: que los justos y los sabios, y sus obras, están en la mano de Dios; que sea amor o que sea odio, no lo saben los hombres; todo está delante de ellos. 



2 Todo acontece de la misma manera a todos; un mismo suceso ocurre al justo y al impío; al bueno, al limpio y al no limpio; al que sacrifica, y al que no sacrifica; como al bueno, así al que peca; al que jura, como al que teme el juramento. 

3 Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol, que un mismo suceso acontece a todos, y también que el corazón de los hijos de los hombres está lleno de mal y de insensatez en su corazón durante su vida; y después de esto se van a los muertos. 

4 Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto. 

5 Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. 

6 También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol.

7 Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios.

8 En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.

9 Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque ésta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol. 

10 Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.

11 Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos. 

12 Porque el hombre tampoco conoce su tiempo; como los peces que son presos en la mala red, y como las aves que se enredan en lazo, así son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae de repente sobre ellos.

13 También vi esta sabiduría debajo del sol, la cual me parece grande: 

14 una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella; y viene contra ella un gran rey, y la asedia y levanta contra ella grandes baluartes; 

15 y se halla en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra a la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel hombre pobre. 

16 Entonces dije yo: Mejor es la sabiduría que la fuerza, aunque la ciencia del pobre sea menospreciada, y no sean escuchadas sus palabras.



17 Las palabras del sabio escuchadas en quietud, son mejores que el clamor del señor entre los necios. 

18 Mejor es la sabiduría que las armas de guerra; pero un pecador destruye mucho bien.

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